Pensamiento empresarial sobre la construcción de empresas más grandes y sostenibles para un mayor desarrollo económico de España
Modelo Ecosistema para Scale-up
¿De qué hablamos cuando hablamos de scale-up?
El problema de España no es de emprendimiento: se crean empresas con talento, con ideas y con energía. El problema es de escala. La gran mayoría de las empresas españolas se quedan pequeñas, no porque no puedan crecer, sino porque el entorno no siempre favorece ese crecimiento y porque la cultura del propio fundador no siempre lo impulsa.
Cuando hablamos de scale-up no estamos hablando necesariamente de empresas globales ni de unicornios. Hablamos de empresas que pasan de ser pequeñas a ser medianas: que multiplican su facturación, que crean empleos de calidad, que lideran su sector en su territorio, y que tienen la dimensión suficiente para invertir, resistir crisis y generar prosperidad duradera. Una empresa que pasa de 5 a 50 millones de euros de facturación y crea doscientos empleos de calidad es exactamente el tipo de éxito que necesitamos producir en mayor cantidad.
El modelo que aquí se presenta describe las condiciones que un territorio necesita para producir más empresas de ese tipo, de forma sistemática. Se organiza en nueve capas: una fundacional —la cultura— y ocho de habilitación que se construyen sobre ella.
La capa fundacional: cultura y ambición de la propiedad
00 Cultura de scale-up · Ambición de la propiedad
Esta es la capa más importante del modelo y la más ignorada en las políticas de ecosistema. Sin ella, el resto de las capas son infraestructura sin conductor. La cultura de scale-up es el conjunto de creencias, valores y referencias que determinan cuánto quiere crecer un fundador, cuánto riesgo está dispuesto a asumir, y qué imagen tiene de sí mismo como empresario. En España, ese imaginario está profundamente moldeado por el modelo de empresa familiar tradicional, donde el éxito se mide por el control total, la estabilidad y la transmisión intergeneracional. Es un modelo respetable, pero que no siempre es compatible con la lógica del scale-up. La ambición de la propiedad no significa querer hacerse rico ni construir imperios. Significa que el fundador tiene internalizado que su empresa puede ser más grande, que ese crecimiento es posible y deseable, y que hay formas de gestionarlo sin perder lo que más le importa. Es abrirse a profesionalizar la empresa, a delegar y a contratar directivos. Mientras esa creencia no esté presente, ningún instrumento financiero, ninguna regulación favorable y ningún programa de apoyo producirá el resultado esperado. Cambiar la cultura no se hace con formación ni con regulación. Se hace con tiempo, con referentes creíbles y con la acumulación visible de historias de fundadores que apostaron por crecer y cuya trayectoria demuestra que mereció la pena.
Las ocho capas de habilitación
Sobre la base cultural se construyen ocho capas. Cada una aborda un tipo distinto de condición necesaria para el crecimiento. Ninguna por sí sola es suficiente: el ecosistema funciona cuando todas actúan a la vez y se refuerzan mutuamente.
01 Capital e instrumentos de financiación
El capital es el combustible del crecimiento. Para que una empresa pueda escalar necesita acceso a financiación en el momento adecuado, en el formato adecuado y en la cantidad adecuada. En España existe financiación para etapas tempranas, pero hay un déficit estructural en las fases de crecimiento real: las rondas que llevan a una empresa de varios millones a decenas de millones de facturación. Sin ese capital, las empresas crecen más despacio de lo que podrían, o se ven obligadas a venderse antes de tiempo. Esta capa incluye tanto el capital privado como el papel que pueden jugar las instituciones públicas en movilizar ese capital sin sustituirlo.
02 Talento y capital humano
Una empresa no puede crecer si no tiene a las personas capaces de gestionarla a mayor escala. El talento necesario para llevar una empresa de diez a cien empleados es distinto al que se necesita para fundarla. España necesita de perfiles con experiencia en gestión de alto crecimiento y hay un problema de fuga de ese talento hacia mercados con mejores condiciones. Esta capa aborda las condiciones que permiten atraer, retener y desarrollar el capital humano que el scale-up requiere: desde las condiciones laborales y fiscales hasta la existencia de redes que transmitan el conocimiento de quienes ya han recorrido ese camino.
03 Marco regulatorio y fiscal
La regulación y la fiscalidad no crean empresas, pero pueden frenarlas o acelerarlas considerablemente. Un marco que penaliza el fracaso, que tarda meses en dar respuesta a nuevos modelos de negocio, o que trata fiscalmente peor a quienes arriesgan que a quienes no lo hacen, genera fricción que ralentiza el crecimiento. Esta capa aborda las condiciones legales y fiscales que determinan si resulta razonablemente fácil construir, financiar y hacer crecer una empresa: desde el tratamiento de las participaciones de los empleados hasta la velocidad con que la administración responde a los sectores emergentes.
04 Infraestructura física
Las empresas no crecen en el vacío: necesitan un territorio donde sus personas puedan vivir bien, desplazarse con eficiencia y trabajar en espacios adecuados. La infraestructura física —movilidad, vivienda, conectividad, espacios productivos como oficinas y naves— es una condición de competitividad territorial. Si el talento no puede acceder a una vivienda digna cerca de donde trabaja, o si los desplazamientos consumen horas de productividad, o si no existen instalaciones donde una empresa pueda operar y crecer, el territorio pierde capacidad de atracción y retención. Esta capa es responsabilidad principalmente de la administración pública y requiere inversión sostenida en horizontes de décadas.
05 I+D+i y generación de conocimiento
El conocimiento es la materia prima de muchas de las empresas que más crecen. La capacidad de un territorio para generar, absorber y transferir conocimiento científico y tecnológico determina en parte la calidad y la diferenciación de las empresas que produce. Esta capa es distinta de la infraestructura física: no se trata de edificios ni carreteras, sino de la capacidad del ecosistema para crear conocimiento nuevo y conectarlo con las empresas que pueden convertirlo en valor económico. Incluye universidades, centros de investigación y todos los puentes entre el mundo académico y el empresarial. Su horizonte temporal es largo, pero sin ella el ecosistema acaba dependiendo de conocimiento generado en otros territorios.
06 Acceso a mercados y tracción comercial
Una empresa no puede escalar si no vende más, y vender más suele implicar vender en más mercados. El acceso a clientes —especialmente fuera del territorio de origen— es una condición necesaria para el crecimiento. España tiene una posición geográfica, lingüística y cultural que abre puertas que otros países europeos no pueden alcanzar con la misma naturalidad. Esa ventaja, sin embargo, no se activa sola: requiere estructuras de apoyo, redes comerciales y una narrativa clara sobre qué ofrece el territorio. Esta capa abarca tanto la expansión de las empresas existentes como la capacidad del territorio para atraer empresas de otros mercados que quieran establecerse aquí.
07 Comunidad, red y cultura emprendedora
Los ecosistemas no son solo empresas e instituciones: son redes de personas. La densidad y la calidad de las relaciones entre fundadores, inversores, mentores y aliados determina la velocidad con que fluye el conocimiento y las oportunidades dentro del ecosistema. Un ecosistema con una comunidad activa aprende más rápido, comete menos errores ya cometidos por otros, y genera más confianza entre sus actores. Esta capa incluye la existencia de referentes visibles, la cultura de ayuda mutua entre fundadores, los espacios de encuentro y la narrativa colectiva sobre lo que significa tener éxito como empresario en ese territorio.
08 Gobernanza y coordinación del ecosistema
Un ecosistema con buenas piezas pero sin coordinación no funciona. Esta capa aborda la capacidad del territorio para gestionar su ecosistema de forma coherente: con una visión compartida, con objetivos medibles, con alguien responsable de que las cosas pasen y con una agenda que sobreviva a los ciclos políticos. La gobernanza no es un tema burocrático: es lo que determina si las demás capas se activan de forma aislada o se refuerzan mutuamente. Los ecosistemas más avanzados tienen en común una capacidad de coordinación entre actores públicos, privados y académicos que produce resultados que ninguno de esos actores podría conseguir por separado.
La lógica del modelo Las nueve capas no son independientes: forman un sistema. La cultura determina si el fundador quiere crecer. El capital determina si puede financiar ese crecimiento. El talento determina si tiene a las personas para gestionarlo. La regulación determina si el entorno lo facilita o lo frena. La infraestructura determina si el territorio es habitable para las empresas y las personas. El conocimiento determina si las empresas tienen acceso a la diferenciación. El mercado determina si hay dónde vender. La comunidad determina si el ecosistema aprende y se ayuda mutuamente. Y la gobernanza determina si todo esto funciona de forma coordinada o dispersa. No existe un orden de importancia entre las capas de habilitación: todas son necesarias. Lo que sí tiene un lugar propio y prioritario es la cultura. Si el fundador no quiere crecer, o no cree que pueda, el resto del modelo no arranca. Por eso la metáfora del árbol: las raíces son invisibles, están bajo tierra, pero son lo que determina la altura a la que puede llegar todo lo que crece por encima.
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